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En el complejo entorno estratégico actual, la guerra ya no se libra únicamente en tierra, mar, aire, espacio o ciberespacio. Existe un sexto dominio, a menudo invisible pero decisivo: el dominio humano. Un reciente informe de la Organización de Ciencia y Tecnología (STO) de la OTAN ha puesto sobre la mesa un concepto que resuena profundamente con la misión de la psicología operativa: la Guerra Cognitiva. Este informe subraya la importancia de la psicologia operativa en el contexto actual de la psicologia operativa.

Para los profesionales de la psicología operativa, este informe no es solo un análisis técnico; es una validación de que la comprensión del comportamiento humano, la cognición y la toma de decisiones son ahora activos militares y de seguridad de primer orden.

La psicologia operativa es fundamental para el análisis de las dinámicas humanas en el ámbito militar y civil.

La integración de la psicologia operativa en las estrategias militares es crucial para comprender el comportamiento humano en situaciones de conflicto, destacando la importancia de la psicologia operativa en la toma de decisiones.

¿Qué es la Guerra Cognitiva y por qué nos concierne?

La OTAN define la Guerra Cognitiva como el esfuerzo por «explotar facetas de la cognición para interrumpir, socavar, influir o modificar la toma de decisiones humana». A diferencia de las operaciones psicológicas tradicionales (PsyOps) que buscan influir en una audiencia específica, la guerra cognitiva moderna utiliza la tecnología para alterar el comportamiento a gran escala, apuntando tanto a militares como a la sociedad civil.

Aquí es donde la psicología operativa se vuelve crítica. El informe destaca que los adversarios explotan vulnerabilidades en cómo procesamos la información y tomamos decisiones. Nuestro papel como expertos en el comportamiento es doble:

  1. Defensivo: Blindar la mente de nuestros operadores y ciudadanos.

  2. Analítico: Entender el Modus Operandi del adversario para anticipar sus movimientos.

El Ciclo OODA y la Vulnerabilidad Cognitiva

Un punto central del informe es el ataque al ciclo OODA (Observar, Orientar, Decidir, Actuar). En psicología operativa, trabajamos constantemente para mejorar el juicio bajo presión. El informe señala que los adversarios buscan saturar o distorsionar la fase de «Observación» y sesgar la «Orientación» (donde entran en juego nuestra herencia cultural, genética y experiencias previas) para forzar decisiones erróneas. La tecnología actual, como los deepfakes y la desinformación dirigida, actúa como un multiplicador de fuerza para hackear este ciclo.

El «Modelo de la Casa»: Un Marco para la Psicología Operativa

La STO de la OTAN ha desarrollado el «Modelo de la Casa» (The House Model), que identifica áreas de conocimiento científico esenciales para la defensa. Varias de estas áreas son competencia directa de la psicología operativa:

  • Neurociencia Cognitiva: Comprender los mecanismos fisiológicos del razonamiento y la toma de decisiones.

  • Ciencias Cognitivas y del Comportamiento: Analizar la interacción social, la confianza y la emoción.

  • Ciencias Sociales y Culturales: Entender los factores estructurales que empoderan el comportamiento colectivo.

Este modelo subraya que la tecnología (IA, Big Data) no es el fin, sino un «habilitador». El verdadero objetivo es la mente humana, y por tanto, la defensa debe ser «centrada en el humano».

Resiliencia: El Objetivo Final

La OTAN busca alcanzar la «Superioridad Cognitiva». Esto implica no solo degradar la capacidad de influencia del adversario, sino fundamentalmente mejorar nuestra propia cognición y resiliencia. Desde la psicología operativa, esto se traduce en:

  • Entrenamiento en inoculación contra la desinformación.

  • Fortalecimiento de la confianza institucional y la cohesión social.

  • Desarrollo de capacidades para «resistir y recuperar» el rendimiento operativo tras un ataque cognitivo.

El informe del Jefe Científico de la OTAN nos recuerda que «la guerra cognitiva no es nueva, pero la tecnología ha amplificado su alcance». Para la comunidad de psicología operativa, esto representa un llamado a la acción. Ya no somos solo evaluadores o asesores; somos arquitectos de la defensa en el dominio más crítico del siglo XXI: la mente humana.

La batalla por la superioridad cognitiva ha comenzado, y la ciencia del comportamiento es nuestra mejor arma.

Fuente: Basado en el «NATO Chief Scientist Research Report on Cognitive Warfare» (2024).

En una era de aceleración tecnológica sin precedentes, emerge una fuerza transformadora en el epicentro del cambio: la convergencia NBIC. Y con ella la necesidad para la defensa nacional de monitorizar el fenómeno.

Este acrónimo, que representa la sinergia entre Nanotecnología, Biotecnología, Tecnologías de la Información y Ciencias Cognitivas, es más que la suma de sus partes; es una revolución que redefine las posibilidades humanas y, con ello, el panorama de la seguridad y la defensa nacional.

Los Cuatro Dominios Fundamentales

Para comprender el impacto de esta convergencia, primero debemos entender sus pilares:

  • N – Nanotecnología: La ingeniería de la materia a escala atómica y molecular. Este campo nos permite forjar materiales con propiedades extraordinarias, nanosensores de precisión y nanorobots para aplicaciones médicas o industriales.
  • B – Biotecnología: El uso de sistemas biológicos para crear o modificar productos. Abarca desde la ingeniería genética (CRISPR) hasta el desarrollo de biofármacos, terapias génicas y biocombustibles, redefiniendo la medicina y la industria.
  • I – Tecnologías de la Información (TI): Engloba la computación, el procesamiento de datos y el software. La Inteligencia Artificial (IA), el Big Data, el IoT y la futura computación cuántica actúan como el motor que procesa los datos generados por los otros dominios.
  • C – Ciencias Cognitivas: El estudio multidisciplinar de la mente y sus procesos como la percepción, el aprendizaje y el razonamiento. La neurociencia, las interfaces cerebro-computadora (BCI) y la neuromodulación son áreas clave de investigación.

La Magia de la Convergencia: Cuando 1+1+1+1 > 4

La verdadera disrupción ocurre cuando estos campos se interconectan:

  • Nano + Bio: Nanosensores capaces de detectar biomarcadores de enfermedades en tiempo real.
  • Bio + Info: La bioinformática utiliza Big Data para analizar secuencias genómicas, mientras que la IA acelera el diseño de nuevos fármacos.
  • Info + Cogno: Algoritmos de IA que modelan procesos cognitivos y BCIs que permiten controlar dispositivos con el pensamiento.
  • Nano + Cogno: Nanodispositivos implantables para monitorear o modular la actividad neuronal con una precisión sin precedentes.

Esta convergencia total abre la puerta a un futuro con biosensores a nanoescala conectados a redes de IA que analizan datos cognitivos y fisiológicos en tiempo real. Si bien esto promete avances increíbles en medicina y mejora humana, también presenta serios desafíos para la seguridad. Desafíos a los cuales la defensa nacional debe hacer frente, estudiar, monitorizar y prever un futuro cercano con el uso militar de estas tecnologías.

Imperativos de Defensa en la Era NBIC

La naturaleza de los conflictos y las amenazas está siendo transformada por la convergencia NBIC. Las naciones deben anticiparse y desarrollar capacidades robustas para protegerse. Las áreas clave de enfoque incluyen:

a) Inteligencia y Vigilancia Estratégica: Unidades especializadas en identificar los desarrollos NBIC de potenciales adversarios y prever cómo podrían ser militarizados.

Desarrollo de Contramedidas:

  • Nano-Defensa: Sensores para detectar nano-agentes y materiales protectores contra nano-armas.
  • Bio-Defensa Avanzada: Detección rápida y respuesta ante bio-amenazas, incluyendo agentes modificados genéticamente, y protección del genoma del personal.
  • Ciberseguridad Post-Cuántica: Protección de infraestructuras críticas contra ciberataques avanzados potenciados por IA.

b) Resiliencia Cognitiva: Fortalecer al personal para resistir la manipulación informativa, la desinformación avanzada como los deepfakes y las potenciales neuro-armas que buscan influir en procesos cognitivos.

c) Formación y Doctrina: Es crucial invertir en la formación de capital humano especializado y adaptar la doctrina militar para integrar las consideraciones NBIC, entendiendo el dominio humano/cognitivo como un posible campo de batalla.

d) Gobernanza y Cooperación: Desarrollar marcos éticos y legales robustos y fomentar la cooperación internacional para prevenir el uso malicioso de estas tecnologías.

La convergencia NBIC es una fuerza transformadora ineludible. Para cualquier nación, comprender sus implicaciones y prepararse para sus desafíos en defensa no es una opción, sino una necesidad imperante para garantizar la soberanía y seguridad en el siglo XXI.

 

Como profesional del ámbito psicológico, llevo años explorando cómo nuestras mentes procesan la información, toman decisiones y responden al entorno. Pero hay un fenómeno emergente que merece especial atención: la guerra cognitiva. Un término que, aunque suene futurista, ya es parte de nuestro presente.

¿Qué es la guerra cognitiva?

Más allá de la propaganda o la desinformación clásica, la guerra cognitiva es el uso estratégico de herramientas psicológicas, tecnológicas y sociales para influir directamente en la forma en que pensamos, sentimos y actuamos. Se trata de una forma de manipulación a gran escala que apunta a nuestras percepciones, valores y decisiones.

🔍 La OTAN (2021) la define como un nuevo tipo de confrontación que busca “hacer del cerebro el campo de batalla”.

¿Cómo surge este concepto?

Aunque la manipulación de masas existe desde hace siglos, el término como tal empieza a consolidarse en la última década, en respuesta al auge de las redes sociales, la inteligencia artificial y el big data. Estas tecnologías permiten ahora identificar vulnerabilidades cognitivas individuales y explotarlas con precisión quirúrgica.

Desde la psicología, esto implica un uso avanzado de conceptos como:

  • Disonancia cognitiva (Festinger, 1957)
  • Sesgos de confirmación
  • Toma de decisiones bajo incertidumbre (Kahneman, 2011)

¿Y cuál es la situación actual?

Hoy no hace falta un conflicto armado para librar una guerra. Las campañas de desinformación, los algoritmos diseñados para polarizar opiniones, los deepfakes y los ataques a la confianza institucional son parte de una estrategia más amplia: la colonización de la mente.

Como especialistas en comportamiento humano, tenemos una responsabilidad enorme: reconocer estos mecanismos, enseñar pensamiento crítico y promover la alfabetización digital y emocional.

📌 En un mundo donde la información es poder, proteger la mente se vuelve un acto de defensa personal y colectiva.

  • Festinger, L. (1957). A Theory of Cognitive Dissonance.
  • Kahneman, D. (2011). Thinking, Fast and Slow.
  • NATO. (2021). Cognitive Warfare. Innovation Hub.

¿Qué opinas tú? ¿Estamos preparados para enfrentar esta nueva forma de conflicto?

Me encantaría leer tus ideas o experiencias en los comentarios. 👇


Referencias

Vivimos en una época donde las guerras ya no se libran solo con armas o sanciones, sino con información. Y en esa nueva realidad, la guerra cognitiva —la lucha por controlar percepciones, emociones y decisiones— se ha convertido en un terreno estratégico clave.

Hace poco descubrí una investigación que me dejó con más preguntas que respuestas. En la conferencia IEEE Big Data 2024, Sonali Singh y Akbar Siami Namin (Texas Tech University) presentaron un estudio fascinante y, al mismo tiempo, inquietante: entrenaron modelos de lenguaje para generar noticias falsas tan bien elaboradas que incluso engañan a los detectores de fake news.

Sí, estamos hablando de IA que aprende a burlar otras IA.


¿Qué investigaron exactamente?

El estudio compara tres enfoques:

  • GPT-Neo
  • RoBERTa
  • Y un modelo personalizado de Retrieval-Augmented Generation (RAG)

Este último combina generación de texto con recuperación de información real. Es decir, no solo inventa narrativas plausibles, sino que las construye sobre datos que son ciertos, lo que hace que el contenido final parezca aún más creíble.

Para evaluar la peligrosidad del sistema, entrenaron un clasificador de noticias reales/falsas. El resultado: el modelo RAG generó textos falsos que fueron clasificados como reales en múltiples casos.

La verosimilitud —no la verdad— se está convirtiendo en el nuevo estándar.


¿Por qué esto importa en el contexto de la guerra cognitiva?

Porque la desinformación ya no es solo un problema de contenido viral o de bots en redes sociales. Ahora hablamos de sistemas capaces de construir narrativas personalizadas, sofisticadas y difíciles de refutar. En manos equivocadas, esta tecnología puede:

  • Manipular debates electorales
  • Explotar divisiones sociales
  • Desacreditar instituciones

Y todo esto, sin que detectores automáticos puedan frenar su difusión.


Para pensar:

La guerra cognitiva no es futuro: es presente. La batalla por la verdad está ocurriendo aquí y ahora, en nuestros feeds, chats y motores de búsqueda.

Los modelos generativos necesitan más que potencia: necesitan principios. Su potencial ético o destructivo dependerá de cómo los entrenemos, qué datos usen y qué objetivos persigan.

No basta con detectar fake news: hay que anticipar cómo se crean. Este estudio muestra que los métodos de generación evolucionan tan rápido como los de detección.


Este tipo de investigaciones deben estar en el radar de nuestros servicios de inteligencia. No para frenar la innovación, sino para garantizar que avancemos con responsabilidad.

📎 El paper se titula: “Adversarial Training of Retrieval-Augmented Generation to Generate Believable Fake News” – Singh & Siami Namin, IEEE Big Data 2024.


Si conoces proyectos que trabajen en guerra cognitiva, desinformación automatizada o modelos IA aplicados al entorno cognitivo, me encantaría conocerlos. Por favor, escríbelo en comentarios.

¿Estamos ante una operación de guerra cognitiva? El 28 de abril de 2025, gran parte de España y Portugal se paralizó debido a un apagón eléctrico masivo. Más allá de sus implicaciones técnicas o económicas, el evento ha abierto un frente silencioso: el de la narrativa, la percepción pública y la lucha por el control informativo. En otras palabras: un escenario ideal para la guerra cognitiva.

¿Por qué no sabemos aún qué ocurrió?

La Red Eléctrica de España ha negado un fallo interno y, por ahora, también un ciberataque. Aun así, la Audiencia Nacional investiga un posible sabotaje o acción de ciberterrorismo. La falta de información clara ha dejado un vacío que, en términos estratégicos, es aún más preocupante que el propio apagón: el vacío de certeza narrativa. En guerra cognitiva, este es un terreno fértil.

El verdadero cortocircuito: la mente colectiva

Cuando las instituciones no comunican con rapidez, la ciudadanía no espera. Ante el vacío, surge la infoxicación: teorías de conspiración, bulos, interpretaciones interesadas. Desde ciberataques rusos hasta sabotajes internos relacionados con la transición ecológica, cada hipótesis no confirmada se convierte en una pieza de guerra psicológica. Estos relatos no necesitan ser ciertos: basta con que sean plausibles y emocionalmente potentes.

¿Qué ganan los actores detrás de los bulos?

Desde la óptica de la guerra cognitiva, los beneficios son múltiples. Desde debilitar la confianza en las infraestructuras críticas (si la red eléctrica falla y nadie lo explica con claridad, ¿qué otro sistema puede caer?), pasando por desacreditar a gobiernos o instituciones o polarizar a la sociedad, alimentando el conflicto entre quienes “creen la versión oficial” y quienes “despiertan ante la verdad oculta”. Ya no se trata solo de “controlar la electricidad”, sino de controlar la interpretación del apagón.

Energía e información: dos frentes de una misma batalla

La transición energética hace vulnerables a las democracias occidentales no solo a nivel técnico, sino también a nivel narrativo. Las energías renovables, la digitalización de las redes o la electrificación del transporte abren oportunidades, pero también generan nuevas dependencias simbólicas.

Y la guerra cognitiva actúa justo ahí: donde se cruzan tecnología, percepción y confianza. El enemigo invisible ya no busca apagar luces: busca desencadenar sombras mentales. Por ello, el gran apagón no debe analizarse solo desde el prisma técnico o geopolítico, sino como un caso de estudio en manipulación narrativa, resiliencia informacional y guerra de percepción.

  • La falta de información clara no es neutral; es una amenaza estratégica.
  • Los bulos son armas ligeras de alta penetración.
  • La resiliencia cognitiva debe formar parte de la seguridad energética.

Eurovisión con escenario de guerra cognitiva.

Cada año, millones de personas en toda Europa se reúnen frente al televisor para vivir una de las citas culturales más seguidas del continente: Eurovisión. Lo que para muchos es solo un espectáculo musical cargado de color y entretenimiento, en realidad es mucho más. Eurovisión es, desde hace décadas, un escaparate de identidades nacionales, alianzas geopolíticas y, cada vez más, un escenario donde se juega una partida silenciosa: la guerra cognitiva.

Eurovisión se presenta como un concurso apolítico, pero sus 69 ediciones demuestran lo contrario. Las votaciones rara vez son solo musicales. Vecinos que se votan sistemáticamente, bloques regionales que refuerzan sus lazos, boicots diplomáticos encubiertos o candidaturas que llevan mensajes políticos disfrazados de arte son solo algunos ejemplos. Detrás de cada puesta en escena y de cada punto otorgado, subyacen narrativas, percepciones e intereses que van mucho más allá de la música.

La guerra cognitiva es un concepto que ha ganado peso en los últimos años en el ámbito de la seguridad y la geopolítica. Se basa en influir en la percepción, las emociones y las decisiones de las sociedades a través de información, narrativa y manipulación psicológica. No necesita armas, solo mensajes. Se libra en redes sociales, medios de comunicación, plataformas culturales y cualquier canal que modele lo que las personas creen o sienten sobre sí mismas o sobre los demás.

Algunos países han convertido Eurovisión en una auténtica herramienta de diplomacia pública. Ucrania, por ejemplo, ha utilizado el certamen para reforzar su narrativa internacional, especialmente en tiempos de conflicto. Rusia, Armenia o Azerbaiyán han aprovechado el evento para proyectar poder o desafiar a sus rivales en clave simbólica. Incluso países como Israel o Australia aprovechan su participación para reafirmar su pertenencia a la esfera cultural europea.

Este uso estratégico va más allá de ganar o no el concurso. Se trata de influir en cómo los ciudadanos perciben a estos países, sus valores y sus causas. Es, en definitiva, una batalla de narrativas. No solo se busca ganar el concurso, sino moldear percepciones y fortalecer la posición internacional mediante el poder blando, ese que no impone por la fuerza, sino que seduce e influye desde la cultura y la comunicación.

La edición de #Eurovisión2025 celebrada hace el pasado fin de semana, ha sido un ejemplo claro de cómo las tensiones geopolíticas encuentran eco en el certamen. RTVE emitió durante la gala un mensaje de apoyo a Palestina que decía: «Frente a los derechos humanos, el silencio no es una opción. Paz y justicia para Palestina». Este gesto, aunque aplaudido por parte de la audiencia, provocó una advertencia de sanción por parte de la Unión Europea de Radiodifusión, que defiende la neutralidad política del evento.

La situación se volvió más compleja cuando, a pesar de este posicionamiento institucional, el televoto del público español otorgó 12 puntos a la representante de Israel, Yuval Raphael, mientras que el jurado profesional no le otorgó ninguno. Este contraste abrió un intenso debate sobre la coherencia entre el discurso político oficial y las emociones o preferencias reales de la ciudadanía. Un ejemplo perfecto de cómo la guerra cognitiva se alimenta precisamente de estas contradicciones entre la narrativa pública, la percepción social y las acciones colectivas.

Eurovisión es solo un ejemplo, pero es un espejo de dinámicas mucho más amplias. Las narrativas que se construyen en este tipo de espacios moldean la percepción pública, generan cohesión o división social y, en última instancia, afectan a cómo se posicionan los países en el tablero internacional.

Porque, en la era de la guerra cognitiva, todo comunica. Y Eurovisión, aunque nos cueste verlo, es uno de los escenarios donde se libran algunas de las batallas más sutiles pero también más decisivas.

Últimamente, el término «Guerra Cognitiva» resuena con fuerza en debates sobre seguridad y estrategia, especialmente en un mundo interconectado donde la información fluye rápidamente. Pero, ¿de dónde surge exactamente esta idea? ¿Es algo completamente nuevo o la reinvención de tácticas que buscan influir en cómo pensamos, sentimos y actuamos? En este artículo, exploraremos el origen, la evolución y la relevancia contemporánea de la Guerra Cognitiva, analizando su impacto en la psicología operativa y la seguridad global.

Aunque la etiqueta «Guerra Cognitiva» ganó protagonismo alrededor de 2020-2021, especialmente impulsada por informes de la OTAN (como el del Innovation Hub y los trabajos de François du Cluzel, que la definieron como el «sexto dominio operativo»), sus raíces son mucho más profundas. Desde las antiguas estrategias de manipulación hasta las modernas campañas en redes sociales, el deseo de influir en la mente del adversario es tan antiguo como el conflicto mismo. Por ejemplo, la propaganda utilizada en la Segunda Guerra Mundial sentó las bases de lo que hoy consideramos guerra cognitiva, donde la información se convierte en un arma poderosa.

Los Cimientos: Más Allá de la Etiqueta Reciente de Guerra Cognitiva

El concepto de Guerra Cognitiva no solo se refiere al uso de la información como arma, sino también a la forma en que las percepciones y emociones pueden ser manipuladas para lograr resultados estratégicos. A través de diversas técnicas psicológicas, se pueden crear narrativas que influyan en la opinión pública y debiliten la moral del adversario. Esta evolución de la guerra ha llevado a la creación de nuevas disciplinas en la psicología que estudian cómo las emociones y la cognición pueden ser dirigidas en contextos de conflicto.

Antes de que la OTAN pusiera el foco en el «cerebro humano como campo de batalla», ya existían cimientos sólidos en el estudio de la guerra psicológica, que sentaron las bases para lo que hoy se conoce como Guerra Cognitiva. Por ejemplo, las campañas de propaganda en la Segunda Guerra Mundial no solo se centraron en desinformar al enemigo, sino también en fortalecer la moral de las tropas aliadas. Esto demuestra que la guerra cognitiva no es solo un fenómeno moderno, sino una estrategia que ha evolucionado a lo largo de la historia.

Antes de que la OTAN pusiera el foco en el «cerebro humano como campo de batalla», ya existían cimientos sólidos:

  • Guerra Psicológica y Propaganda: Desde las campañas de la Segunda Guerra Mundial hasta las estrategias de la Guerra Fría, la manipulación de la información y la moral ha sido clave. ¿Quién no recuerda los estudios de Edward Bernays sobre propaganda ya en los años 20?
  • «Brainwashing» y Control: El término «lavado de cerebro», acuñado por Edward Hunter en los 50 para describir tácticas de reeducación, y el concepto soviético de «control reflexivo» (influir en la toma de decisiones del adversario) ya apuntaban a la mente.
  • Estrategias Orientales: En 1999, Qiao Liang y Wang Xiangsui con su «Guerra Irrestricta» ya proponían debilitar al adversario por medios no convencionales. China también desarrolló su doctrina de las «Tres Guerras» (psicológica, de opinión pública y legal) en 2003.

Pioneros del Término «Cognitivo»

Si bien la formalización es reciente, algunos investigadores y analistas ya hablaban de «guerra cognitiva» o conceptos muy similares antes del boom de la OTAN. La investigación en este campo ha sido conducida por académicos y militares que entienden la importancia de la psicología en los conflictos modernos. Por ejemplo, investigadores como M. Raska (Singapur, 2015) mencionaban ya la guerra cognitiva en sus análisis sobre guerra híbrida, lo que abre un amplio campo de estudio sobre cómo las tácticas cognitivas se integran en estas estrategias complejas.

Si bien la formalización es reciente, algunas voces ya hablaban de «guerra cognitiva» o conceptos muy similares antes del boom de la OTAN:

  • Investigadores como M. Raska (Singapur, 2015) la mencionaban en análisis sobre guerra híbrida.
  • Jean-Christophe Noël (Francia, 2019) analizaba «la guerre cognitive» en la transformación del combate.
  • Incluso plataformas militares como The Cove (Ejército Australiano, 2018) ya debatían este desafío emergente.

¿Por Qué Este «Boom» Ahora?

La confluencia de varios factores ha catapultado la «Guerra Cognitiva» al primer plano, convirtiéndola en un tema de discusión esencial en la estrategia moderna:

La confluencia de varios factores ha catapultado la «Guerra Cognitiva» al primer plano:

  1. Tecnología Exponencial: Redes sociales, Big Data e Inteligencia Artificial permiten una difusión y personalización de mensajes (y desinformación) a una escala sin precedentes.
  2. Vulnerabilidades Modernas: La polarización y la velocidad de la información en sociedades abiertas pueden ser explotadas.
  3. Nuevas Doctrinas de Conflicto: Actores globales integran cada vez más estas tácticas en estrategias híbridas.