Guerra cognitiva

El gran apagón: Energía, desinformación y guerra cognitiva.

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¿Estamos ante una operación de guerra cognitiva? El 28 de abril de 2025, gran parte de España y Portugal se paralizó debido a un apagón eléctrico masivo. Más allá de sus implicaciones técnicas o económicas, el evento ha abierto un frente silencioso: el de la narrativa, la percepción pública y la lucha por el control informativo. En otras palabras: un escenario ideal para la guerra cognitiva.

¿Por qué no sabemos aún qué ocurrió?

La Red Eléctrica de España ha negado un fallo interno y, por ahora, también un ciberataque. Aun así, la Audiencia Nacional investiga un posible sabotaje o acción de ciberterrorismo. La falta de información clara ha dejado un vacío que, en términos estratégicos, es aún más preocupante que el propio apagón: el vacío de certeza narrativa. En guerra cognitiva, este es un terreno fértil.

El verdadero cortocircuito: la mente colectiva

Cuando las instituciones no comunican con rapidez, la ciudadanía no espera. Ante el vacío, surge la infoxicación: teorías de conspiración, bulos, interpretaciones interesadas. Desde ciberataques rusos hasta sabotajes internos relacionados con la transición ecológica, cada hipótesis no confirmada se convierte en una pieza de guerra psicológica. Estos relatos no necesitan ser ciertos: basta con que sean plausibles y emocionalmente potentes.

¿Qué ganan los actores detrás de los bulos?

Desde la óptica de la guerra cognitiva, los beneficios son múltiples. Desde debilitar la confianza en las infraestructuras críticas (si la red eléctrica falla y nadie lo explica con claridad, ¿qué otro sistema puede caer?), pasando por desacreditar a gobiernos o instituciones o polarizar a la sociedad, alimentando el conflicto entre quienes “creen la versión oficial” y quienes “despiertan ante la verdad oculta”. Ya no se trata solo de “controlar la electricidad”, sino de controlar la interpretación del apagón.

Energía e información: dos frentes de una misma batalla

La transición energética hace vulnerables a las democracias occidentales no solo a nivel técnico, sino también a nivel narrativo. Las energías renovables, la digitalización de las redes o la electrificación del transporte abren oportunidades, pero también generan nuevas dependencias simbólicas.

Y la guerra cognitiva actúa justo ahí: donde se cruzan tecnología, percepción y confianza. El enemigo invisible ya no busca apagar luces: busca desencadenar sombras mentales. Por ello, el gran apagón no debe analizarse solo desde el prisma técnico o geopolítico, sino como un caso de estudio en manipulación narrativa, resiliencia informacional y guerra de percepción.

  • La falta de información clara no es neutral; es una amenaza estratégica.
  • Los bulos son armas ligeras de alta penetración.
  • La resiliencia cognitiva debe formar parte de la seguridad energética.

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