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Rafael López

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En nuestro día a día, consciente o inconscientemente, todos intentamos comprender a los demás. Desde decidir si confiar en un nuevo conocido hasta prever la reacción de un compañero de trabajo, estamos constantemente interpretando señales. Pero, ¿qué pasaría si existiera una forma más estructurada y fundamentada de hacerlo? Aquí es donde entra en juego la psicología operativa y su fascinante enfoque en la perfilación indirecta de personalidad.

No, no estamos hablando de telepatía ni de trucos de magia. Se trata de un análisis minucioso y sistemático de la conducta observable para inferir rasgos de personalidad y, a partir de ahí, generar hipótesis sobre la tendencia de comportamiento futuro. En esencia, el proceso es: observamos conducta, inferimos rasgos para predecir conducta.

La Conducta: Nuestro Gran Libro Abierto

Imagina que una persona llega tarde a una reunión. Podría ser un hecho aislado. Pero si esta misma persona llega tarde con frecuencia, no responde a los correos electrónicos a tiempo y siempre parece estar al límite de los plazos, estamos observando un patrón de comportamiento. Cada uno de estos actos es una «pista» que, al unirse, empieza a dibujar un cuadro.

Los psicólogos operativos se centran en un espectro amplio de conductas, tanto verbales como no verbales:

  • Lenguaje Corporal: ¿Cruza los brazos? ¿Mantiene contacto visual? ¿Cuál es su postura? Un apretón de manos débil o una mirada esquiva pueden ser indicativos de ciertos rasgos o estados emocionales.
  • Comunicación Verbal: ¿Qué palabras elige? ¿Su tono de voz es constante o varía? ¿Tiende a ser directo o a dar rodeos? Alguien que usa un lenguaje muy preciso y técnico podría ser más analítico, mientras que alguien más coloquial podría ser más sociable.
  • Patrones de Interacción: ¿Es dominante en las conversaciones o prefiere escuchar? ¿Cómo maneja el desacuerdo? Una persona que siempre intenta controlar la narrativa podría tener rasgos de liderazgo o, en exceso, de autoritarismo.
  • Entornos y Hábitos: Aunque no sea una interacción directa, el entorno de una persona (su espacio de trabajo ordenado o caótico) o sus hábitos (la puntualidad, la forma de vestirse) también aportan datos valiosos.

De la Conducta a los Rasgos de Personalidad

Una vez que identificamos estos patrones de conducta, la clave es inferir los rasgos de personalidad subyacentes. Por ejemplo:

  • Una persona que constantemente llega tarde y procrastina podría tener un rasgo de desorganización o una baja autodisciplina.
  • Alguien que mantiene un contacto visual intenso y un lenguaje corporal abierto podría estar mostrando confianza y extroversión.
  • Una persona que se muestra excesivamente reservada y evita el contacto social quizás tenga rasgos de introversión o timidez.

Es importante destacar que un solo comportamiento rara vez define a una persona. La clave está en la consistencia y en la convergencia de múltiples señales. Un psicólogo operativo no saca conclusiones precipitadas, sino que va construyendo un perfil con base en la acumulación de evidencia.

Predecir la Conducta: Generando Hipótesis

Una vez que hemos inferido ciertos rasgos de personalidad, podemos empezar a generar hipótesis sobre la tendencia de comportamiento. Si inferimos que alguien tiene un alto grado de responsabilidad y meticulosidad, nuestra hipótesis será que es probable que cumpla con sus compromisos y preste atención a los detalles. Si, por el contrario, detectamos impulsividad y baja tolerancia a la frustración, podríamos prever reacciones más emocionales ante los desafíos.

Ejemplos en la vida cotidiana:

  • Entrevistas de trabajo: Un reclutador experto no solo escucha las respuestas, sino que observa el lenguaje corporal, la estructura del discurso y cómo el candidato maneja la presión. Esto ayuda a inferir rasgos como la resiliencia, la proactividad o la capacidad de trabajo en equipo.
  • Equipos de trabajo: Conocer si un compañero tiende a ser más analítico o más orientado a las personas puede ayudarnos a asignar tareas de manera más efectiva y a mejorar la comunicación.
  • Seguridad y prevención: En entornos de seguridad, la perfilación indirecta es crucial para identificar patrones de comportamiento sospechosos o inconsistencias que podrían indicar una posible amenaza.

La Ética y el Poder de la Comprensión

La capacidad de «leer» a las personas es una herramienta poderosa. Es fundamental usarla con ética, respeto y sin prejuicios. El objetivo no es etiquetar a nadie, sino comprender mejor las dinámicas humanas, facilitar la comunicación, mejorar las relaciones y, en contextos específicos, anticipar y prevenir situaciones adversas.

La psicología operativa nos enseña que el mundo está lleno de señales, y aprender a interpretarlas nos brinda una visión más profunda del comportamiento humano. Al final, observar la conducta para inferir rasgos de personalidad y predecir tendencias no solo es una habilidad de alto valor estratégico, sino también una forma de enriquecer nuestra interacción con el mundo.

En un mundo cada vez más interconectado y, a menudo, polarizado, la capacidad de comprender y, en ocasiones, influir en el comportamiento humano se ha convertido en una habilidad estratégica de valor incalculable. Dentro del vasto universo de la psicología, emerge una subdisciplina especializada y, a menudo, envuelta en intensos debates éticos: la Psicología Operativa. Pero, ¿qué es exactamente y por qué es tan crucial en los complejos ámbitos de la seguridad, la defensa y, sorprendentemente, en nuestra vida diaria?

¿Qué es la Psicología Operativa? Desentrañando el concepto

La Psicología Operativa es una disciplina fascinante que se sitúa en la intersección de la ciencia psicológica y las actividades operativas de seguridad y defensa. Su esencia radica en aplicar principios psicológicos avanzados para permitir a los tomadores de decisiones clave comprender, desarrollar e influir de manera efectiva en individuos, grupos u organizaciones. El objetivo es claro: lograr objetivos tácticos, operativos o estratégicos en contextos de seguridad nacional, defensa nacional o seguridad pública.

A diferencia de los servicios de salud mental tradicionales, la psicología operativa se enfoca en la eficacia organizacional y el rendimiento individual en situaciones de alta presión. Los psicólogos operativos emplean sus conocimientos para moldear percepciones, actitudes y comportamientos. Esto se logra a través de diversas metodologías y técnicas, que pueden ir desde la formación de equipos de alto rendimiento hasta la gestión de crisis y, en casos más controvertidos, la manipulación de la opinión pública o la desestabilización de adversarios.

En el ámbito militar, esta disciplina a menudo se asocia con las Operaciones Psicológicas (PSYOPS), definidas como actividades planificadas meticulosamente para generar emociones, actitudes, comprensión, creencias y comportamientos que favorezcan el logro de objetivos políticos y militares.

Un campo de aplicación sorprendentemente amplio

El alcance de la psicología operativa es mucho más extenso de lo que podríamos imaginar, permeando diversas esferas:

  • Militar y de Inteligencia: Los psicólogos operativos son fundamentales para apoyar a las fuerzas armadas. Ayudan a identificar capacidades, personalidades e intenciones de adversarios, diseñan e implementan programas de evaluación y selección de personal para misiones de alto riesgo, y brindan apoyo vital en operaciones de inteligencia y entrenamiento. Un claro ejemplo son las Operaciones de Apoyo a la Información Militar (MISO), que implican la difusión estratégica de información para influir en audiencias extranjeras. También participan en misiones de engaño militar para desorientar a las fuerzas enemigas en combate.
  • Seguridad Pública y Emergencias: Las misiones de Apoyo Informativo a Autoridades Civiles (CAIS) son cruciales para ayudar a la población en situaciones de catástrofe, compartiendo información esencial para las labores de rescate. Además, los psicólogos operativos ofrecen asesoramiento experto en investigaciones criminales y negociaciones de crisis, donde la comprensión del comportamiento humano es vital.
  • Ciberespacio: Un campo emergente y de creciente importancia es la ciberpsicología operativa. Esta disciplina respalda misiones para proyectar poder a través del ciberespacio, aplicando la experiencia en procesos mentales y comportamientos en la interacción entre humanos y máquinas. Sus roles incluyen el apoyo a operaciones en línea y de inteligencia digital.

Un recorrido histórico: De la trinchera al ciberespacio

La génesis formal de la psicología militar, precursora de la psicología operativa moderna, se remonta a la Primera Guerra Mundial (1914-1918). En países como Estados Unidos y Reino Unido, los psicólogos comenzaron a aplicar pruebas para evaluar las aptitudes mentales y emocionales de los reclutas, siendo el Army Alpha Test de 1917 un hito temprano.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), su rol se consolidó, abordando la fatiga de combate, el estrés postraumático y mejorando significativamente la selección y el entrenamiento del personal.

La Guerra Fría (1947-1991) marcó una nueva era, con ejércitos como los de Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Soviética utilizando la psicología de manera mucho más sofisticada en guerra psicológica y propaganda. La Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), precursora de la CIA, fue clave en el desarrollo de operaciones psicológicas y de inteligencia. La unidad de PSYOPS del Ejército de EE. UU., fundada en la Primera Guerra Mundial, jugó un papel fundamental en conflictos posteriores como la Guerra de Vietnam y operaciones más recientes en Afganistán e Irak.

A partir del siglo XXI, la manipulación informativa se ha convertido en un instrumento clave en campañas políticas, crisis diplomáticas y conflictos híbridos. En la era digital, las narrativas pueden moldear la realidad con una fuerza incluso mayor que la militar directa.

La encrucijada ética: Un campo bajo constante escrutinio

Dada su inherente naturaleza de influencia la psicología operativa es un campo plagado de exigencias que pueden desafiar y, potencialmente, violar los principios éticos más fundamentales de los psicólogos profesionales. Existe una larga y documentada historia de controversias, especialmente en el contexto de las operaciones de interrogatorio y detención en entornos de seguridad nacional.

La Asociación Estadounidense de Psicología (APA) ha abordado estas preocupaciones de manera contundente. Tras los eventos del 11 de septiembre de 2001, se generó una intensa polémica sobre la participación de psicólogos en interrogatorios. De hecho, la APA emitió una resolución en 2015 que prohíbe específicamente a los psicólogos participar en interrogatorios de seguridad nacional en los que se violen los derechos humanos, debido a pruebas irrefutables que vincularon a psicólogos con abusos durante la «guerra contra el terrorismo», incluyendo el diseño e implementación de prácticas de detención e interrogatorio poco éticas.

Los principios éticos que rigen la profesión de psicólogo son claros: respeto a la persona, protección de los derechos humanos y responsabilidad. Un psicólogo no debe realizar ni contribuir a prácticas que atenten contra la libertad e integridad física y psíquica de las personas, incluyendo la tortura o malos tratos. Además, deben rechazar sus servicios si tienen la certeza de que puedan ser mal utilizados o vayan en contra de los intereses legítimos de personas o grupos.

La psicología operativa exige un equilibrio sumamente delicado entre las demandas de las organizaciones y las necesidades sociales, y el respeto por la autonomía, la dignidad y el bienestar de todas las partes afectadas. La distorsión de los hechos y la falsedad, aunque a veces conceden una ventaja a corto plazo, pueden dañar irreparablemente la credibilidad y la confianza a largo plazo. Influir en la identidad y el patrimonio cultural de un pueblo para establecer nuevas narrativas, por ejemplo, plantea problemas éticos de profunda magnitud.

Conclusión: El poder de la influencia con responsabilidad

La psicología operativa es, sin duda, un campo fascinante y de suma importancia estratégica en el panorama actual. Aunque ofrece herramientas poderosas para la influencia y la gestión de la información en contextos críticos de seguridad, defensa y asuntos públicos, su ejercicio exige una vigilancia ética constante y un compromiso inquebrantable con los derechos humanos.

Los profesionales en este campo se enfrentan al complejo desafío de maximizar los beneficios para la seguridad nacional, sin comprometer jamás la integridad y el bienestar de las personas. Reflexionar sobre estos límites es fundamental para garantizar que el poder de la psicología operativa se utilice siempre con la máxima responsabilidad.

¿Qué opinas sobre el papel de la psicología operativa en la sociedad actual? ¿Crees que sus beneficios superan los desafíos éticos que plantea? Comparte tus pensamientos en los comentarios.

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En una era de aceleración tecnológica sin precedentes, emerge una fuerza transformadora en el epicentro del cambio: la convergencia NBIC. Y con ella la necesidad para la defensa nacional de monitorizar el fenómeno.

Este acrónimo, que representa la sinergia entre Nanotecnología, Biotecnología, Tecnologías de la Información y Ciencias Cognitivas, es más que la suma de sus partes; es una revolución que redefine las posibilidades humanas y, con ello, el panorama de la seguridad y la defensa nacional.

Los Cuatro Dominios Fundamentales

Para comprender el impacto de esta convergencia, primero debemos entender sus pilares:

  • N – Nanotecnología: La ingeniería de la materia a escala atómica y molecular. Este campo nos permite forjar materiales con propiedades extraordinarias, nanosensores de precisión y nanorobots para aplicaciones médicas o industriales.
  • B – Biotecnología: El uso de sistemas biológicos para crear o modificar productos. Abarca desde la ingeniería genética (CRISPR) hasta el desarrollo de biofármacos, terapias génicas y biocombustibles, redefiniendo la medicina y la industria.
  • I – Tecnologías de la Información (TI): Engloba la computación, el procesamiento de datos y el software. La Inteligencia Artificial (IA), el Big Data, el IoT y la futura computación cuántica actúan como el motor que procesa los datos generados por los otros dominios.
  • C – Ciencias Cognitivas: El estudio multidisciplinar de la mente y sus procesos como la percepción, el aprendizaje y el razonamiento. La neurociencia, las interfaces cerebro-computadora (BCI) y la neuromodulación son áreas clave de investigación.

La Magia de la Convergencia: Cuando 1+1+1+1 > 4

La verdadera disrupción ocurre cuando estos campos se interconectan:

  • Nano + Bio: Nanosensores capaces de detectar biomarcadores de enfermedades en tiempo real.
  • Bio + Info: La bioinformática utiliza Big Data para analizar secuencias genómicas, mientras que la IA acelera el diseño de nuevos fármacos.
  • Info + Cogno: Algoritmos de IA que modelan procesos cognitivos y BCIs que permiten controlar dispositivos con el pensamiento.
  • Nano + Cogno: Nanodispositivos implantables para monitorear o modular la actividad neuronal con una precisión sin precedentes.

Esta convergencia total abre la puerta a un futuro con biosensores a nanoescala conectados a redes de IA que analizan datos cognitivos y fisiológicos en tiempo real. Si bien esto promete avances increíbles en medicina y mejora humana, también presenta serios desafíos para la seguridad. Desafíos a los cuales la defensa nacional debe hacer frente, estudiar, monitorizar y prever un futuro cercano con el uso militar de estas tecnologías.

Imperativos de Defensa en la Era NBIC

La naturaleza de los conflictos y las amenazas está siendo transformada por la convergencia NBIC. Las naciones deben anticiparse y desarrollar capacidades robustas para protegerse. Las áreas clave de enfoque incluyen:

a) Inteligencia y Vigilancia Estratégica: Unidades especializadas en identificar los desarrollos NBIC de potenciales adversarios y prever cómo podrían ser militarizados.

Desarrollo de Contramedidas:

  • Nano-Defensa: Sensores para detectar nano-agentes y materiales protectores contra nano-armas.
  • Bio-Defensa Avanzada: Detección rápida y respuesta ante bio-amenazas, incluyendo agentes modificados genéticamente, y protección del genoma del personal.
  • Ciberseguridad Post-Cuántica: Protección de infraestructuras críticas contra ciberataques avanzados potenciados por IA.

b) Resiliencia Cognitiva: Fortalecer al personal para resistir la manipulación informativa, la desinformación avanzada como los deepfakes y las potenciales neuro-armas que buscan influir en procesos cognitivos.

c) Formación y Doctrina: Es crucial invertir en la formación de capital humano especializado y adaptar la doctrina militar para integrar las consideraciones NBIC, entendiendo el dominio humano/cognitivo como un posible campo de batalla.

d) Gobernanza y Cooperación: Desarrollar marcos éticos y legales robustos y fomentar la cooperación internacional para prevenir el uso malicioso de estas tecnologías.

La convergencia NBIC es una fuerza transformadora ineludible. Para cualquier nación, comprender sus implicaciones y prepararse para sus desafíos en defensa no es una opción, sino una necesidad imperante para garantizar la soberanía y seguridad en el siglo XXI.

 

Como profesional del ámbito psicológico, llevo años explorando cómo nuestras mentes procesan la información, toman decisiones y responden al entorno. Pero hay un fenómeno emergente que merece especial atención: la guerra cognitiva. Un término que, aunque suene futurista, ya es parte de nuestro presente.

¿Qué es la guerra cognitiva?

Más allá de la propaganda o la desinformación clásica, la guerra cognitiva es el uso estratégico de herramientas psicológicas, tecnológicas y sociales para influir directamente en la forma en que pensamos, sentimos y actuamos. Se trata de una forma de manipulación a gran escala que apunta a nuestras percepciones, valores y decisiones.

🔍 La OTAN (2021) la define como un nuevo tipo de confrontación que busca “hacer del cerebro el campo de batalla”.

¿Cómo surge este concepto?

Aunque la manipulación de masas existe desde hace siglos, el término como tal empieza a consolidarse en la última década, en respuesta al auge de las redes sociales, la inteligencia artificial y el big data. Estas tecnologías permiten ahora identificar vulnerabilidades cognitivas individuales y explotarlas con precisión quirúrgica.

Desde la psicología, esto implica un uso avanzado de conceptos como:

  • Disonancia cognitiva (Festinger, 1957)
  • Sesgos de confirmación
  • Toma de decisiones bajo incertidumbre (Kahneman, 2011)

¿Y cuál es la situación actual?

Hoy no hace falta un conflicto armado para librar una guerra. Las campañas de desinformación, los algoritmos diseñados para polarizar opiniones, los deepfakes y los ataques a la confianza institucional son parte de una estrategia más amplia: la colonización de la mente.

Como especialistas en comportamiento humano, tenemos una responsabilidad enorme: reconocer estos mecanismos, enseñar pensamiento crítico y promover la alfabetización digital y emocional.

📌 En un mundo donde la información es poder, proteger la mente se vuelve un acto de defensa personal y colectiva.

  • Festinger, L. (1957). A Theory of Cognitive Dissonance.
  • Kahneman, D. (2011). Thinking, Fast and Slow.
  • NATO. (2021). Cognitive Warfare. Innovation Hub.

¿Qué opinas tú? ¿Estamos preparados para enfrentar esta nueva forma de conflicto?

Me encantaría leer tus ideas o experiencias en los comentarios. 👇


Referencias

Vivimos en una época donde las guerras ya no se libran solo con armas o sanciones, sino con información. Y en esa nueva realidad, la guerra cognitiva —la lucha por controlar percepciones, emociones y decisiones— se ha convertido en un terreno estratégico clave.

Hace poco descubrí una investigación que me dejó con más preguntas que respuestas. En la conferencia IEEE Big Data 2024, Sonali Singh y Akbar Siami Namin (Texas Tech University) presentaron un estudio fascinante y, al mismo tiempo, inquietante: entrenaron modelos de lenguaje para generar noticias falsas tan bien elaboradas que incluso engañan a los detectores de fake news.

Sí, estamos hablando de IA que aprende a burlar otras IA.


¿Qué investigaron exactamente?

El estudio compara tres enfoques:

  • GPT-Neo
  • RoBERTa
  • Y un modelo personalizado de Retrieval-Augmented Generation (RAG)

Este último combina generación de texto con recuperación de información real. Es decir, no solo inventa narrativas plausibles, sino que las construye sobre datos que son ciertos, lo que hace que el contenido final parezca aún más creíble.

Para evaluar la peligrosidad del sistema, entrenaron un clasificador de noticias reales/falsas. El resultado: el modelo RAG generó textos falsos que fueron clasificados como reales en múltiples casos.

La verosimilitud —no la verdad— se está convirtiendo en el nuevo estándar.


¿Por qué esto importa en el contexto de la guerra cognitiva?

Porque la desinformación ya no es solo un problema de contenido viral o de bots en redes sociales. Ahora hablamos de sistemas capaces de construir narrativas personalizadas, sofisticadas y difíciles de refutar. En manos equivocadas, esta tecnología puede:

  • Manipular debates electorales
  • Explotar divisiones sociales
  • Desacreditar instituciones

Y todo esto, sin que detectores automáticos puedan frenar su difusión.


Para pensar:

La guerra cognitiva no es futuro: es presente. La batalla por la verdad está ocurriendo aquí y ahora, en nuestros feeds, chats y motores de búsqueda.

Los modelos generativos necesitan más que potencia: necesitan principios. Su potencial ético o destructivo dependerá de cómo los entrenemos, qué datos usen y qué objetivos persigan.

No basta con detectar fake news: hay que anticipar cómo se crean. Este estudio muestra que los métodos de generación evolucionan tan rápido como los de detección.


Este tipo de investigaciones deben estar en el radar de nuestros servicios de inteligencia. No para frenar la innovación, sino para garantizar que avancemos con responsabilidad.

📎 El paper se titula: “Adversarial Training of Retrieval-Augmented Generation to Generate Believable Fake News” – Singh & Siami Namin, IEEE Big Data 2024.


Si conoces proyectos que trabajen en guerra cognitiva, desinformación automatizada o modelos IA aplicados al entorno cognitivo, me encantaría conocerlos. Por favor, escríbelo en comentarios.

¿Estamos ante una operación de guerra cognitiva? El 28 de abril de 2025, gran parte de España y Portugal se paralizó debido a un apagón eléctrico masivo. Más allá de sus implicaciones técnicas o económicas, el evento ha abierto un frente silencioso: el de la narrativa, la percepción pública y la lucha por el control informativo. En otras palabras: un escenario ideal para la guerra cognitiva.

¿Por qué no sabemos aún qué ocurrió?

La Red Eléctrica de España ha negado un fallo interno y, por ahora, también un ciberataque. Aun así, la Audiencia Nacional investiga un posible sabotaje o acción de ciberterrorismo. La falta de información clara ha dejado un vacío que, en términos estratégicos, es aún más preocupante que el propio apagón: el vacío de certeza narrativa. En guerra cognitiva, este es un terreno fértil.

El verdadero cortocircuito: la mente colectiva

Cuando las instituciones no comunican con rapidez, la ciudadanía no espera. Ante el vacío, surge la infoxicación: teorías de conspiración, bulos, interpretaciones interesadas. Desde ciberataques rusos hasta sabotajes internos relacionados con la transición ecológica, cada hipótesis no confirmada se convierte en una pieza de guerra psicológica. Estos relatos no necesitan ser ciertos: basta con que sean plausibles y emocionalmente potentes.

¿Qué ganan los actores detrás de los bulos?

Desde la óptica de la guerra cognitiva, los beneficios son múltiples. Desde debilitar la confianza en las infraestructuras críticas (si la red eléctrica falla y nadie lo explica con claridad, ¿qué otro sistema puede caer?), pasando por desacreditar a gobiernos o instituciones o polarizar a la sociedad, alimentando el conflicto entre quienes “creen la versión oficial” y quienes “despiertan ante la verdad oculta”. Ya no se trata solo de “controlar la electricidad”, sino de controlar la interpretación del apagón.

Energía e información: dos frentes de una misma batalla

La transición energética hace vulnerables a las democracias occidentales no solo a nivel técnico, sino también a nivel narrativo. Las energías renovables, la digitalización de las redes o la electrificación del transporte abren oportunidades, pero también generan nuevas dependencias simbólicas.

Y la guerra cognitiva actúa justo ahí: donde se cruzan tecnología, percepción y confianza. El enemigo invisible ya no busca apagar luces: busca desencadenar sombras mentales. Por ello, el gran apagón no debe analizarse solo desde el prisma técnico o geopolítico, sino como un caso de estudio en manipulación narrativa, resiliencia informacional y guerra de percepción.

  • La falta de información clara no es neutral; es una amenaza estratégica.
  • Los bulos son armas ligeras de alta penetración.
  • La resiliencia cognitiva debe formar parte de la seguridad energética.

Eurovisión con escenario de guerra cognitiva.

Cada año, millones de personas en toda Europa se reúnen frente al televisor para vivir una de las citas culturales más seguidas del continente: Eurovisión. Lo que para muchos es solo un espectáculo musical cargado de color y entretenimiento, en realidad es mucho más. Eurovisión es, desde hace décadas, un escaparate de identidades nacionales, alianzas geopolíticas y, cada vez más, un escenario donde se juega una partida silenciosa: la guerra cognitiva.

Eurovisión se presenta como un concurso apolítico, pero sus 69 ediciones demuestran lo contrario. Las votaciones rara vez son solo musicales. Vecinos que se votan sistemáticamente, bloques regionales que refuerzan sus lazos, boicots diplomáticos encubiertos o candidaturas que llevan mensajes políticos disfrazados de arte son solo algunos ejemplos. Detrás de cada puesta en escena y de cada punto otorgado, subyacen narrativas, percepciones e intereses que van mucho más allá de la música.

La guerra cognitiva es un concepto que ha ganado peso en los últimos años en el ámbito de la seguridad y la geopolítica. Se basa en influir en la percepción, las emociones y las decisiones de las sociedades a través de información, narrativa y manipulación psicológica. No necesita armas, solo mensajes. Se libra en redes sociales, medios de comunicación, plataformas culturales y cualquier canal que modele lo que las personas creen o sienten sobre sí mismas o sobre los demás.

Algunos países han convertido Eurovisión en una auténtica herramienta de diplomacia pública. Ucrania, por ejemplo, ha utilizado el certamen para reforzar su narrativa internacional, especialmente en tiempos de conflicto. Rusia, Armenia o Azerbaiyán han aprovechado el evento para proyectar poder o desafiar a sus rivales en clave simbólica. Incluso países como Israel o Australia aprovechan su participación para reafirmar su pertenencia a la esfera cultural europea.

Este uso estratégico va más allá de ganar o no el concurso. Se trata de influir en cómo los ciudadanos perciben a estos países, sus valores y sus causas. Es, en definitiva, una batalla de narrativas. No solo se busca ganar el concurso, sino moldear percepciones y fortalecer la posición internacional mediante el poder blando, ese que no impone por la fuerza, sino que seduce e influye desde la cultura y la comunicación.

La edición de #Eurovisión2025 celebrada hace el pasado fin de semana, ha sido un ejemplo claro de cómo las tensiones geopolíticas encuentran eco en el certamen. RTVE emitió durante la gala un mensaje de apoyo a Palestina que decía: «Frente a los derechos humanos, el silencio no es una opción. Paz y justicia para Palestina». Este gesto, aunque aplaudido por parte de la audiencia, provocó una advertencia de sanción por parte de la Unión Europea de Radiodifusión, que defiende la neutralidad política del evento.

La situación se volvió más compleja cuando, a pesar de este posicionamiento institucional, el televoto del público español otorgó 12 puntos a la representante de Israel, Yuval Raphael, mientras que el jurado profesional no le otorgó ninguno. Este contraste abrió un intenso debate sobre la coherencia entre el discurso político oficial y las emociones o preferencias reales de la ciudadanía. Un ejemplo perfecto de cómo la guerra cognitiva se alimenta precisamente de estas contradicciones entre la narrativa pública, la percepción social y las acciones colectivas.

Eurovisión es solo un ejemplo, pero es un espejo de dinámicas mucho más amplias. Las narrativas que se construyen en este tipo de espacios moldean la percepción pública, generan cohesión o división social y, en última instancia, afectan a cómo se posicionan los países en el tablero internacional.

Porque, en la era de la guerra cognitiva, todo comunica. Y Eurovisión, aunque nos cueste verlo, es uno de los escenarios donde se libran algunas de las batallas más sutiles pero también más decisivas.

Últimamente, el término «Guerra Cognitiva» resuena con fuerza en debates sobre seguridad y estrategia, especialmente en un mundo interconectado donde la información fluye rápidamente. Pero, ¿de dónde surge exactamente esta idea? ¿Es algo completamente nuevo o la reinvención de tácticas que buscan influir en cómo pensamos, sentimos y actuamos? En este artículo, exploraremos el origen, la evolución y la relevancia contemporánea de la Guerra Cognitiva, analizando su impacto en la psicología operativa y la seguridad global.

Aunque la etiqueta «Guerra Cognitiva» ganó protagonismo alrededor de 2020-2021, especialmente impulsada por informes de la OTAN (como el del Innovation Hub y los trabajos de François du Cluzel, que la definieron como el «sexto dominio operativo»), sus raíces son mucho más profundas. Desde las antiguas estrategias de manipulación hasta las modernas campañas en redes sociales, el deseo de influir en la mente del adversario es tan antiguo como el conflicto mismo. Por ejemplo, la propaganda utilizada en la Segunda Guerra Mundial sentó las bases de lo que hoy consideramos guerra cognitiva, donde la información se convierte en un arma poderosa.

Los Cimientos: Más Allá de la Etiqueta Reciente de Guerra Cognitiva

El concepto de Guerra Cognitiva no solo se refiere al uso de la información como arma, sino también a la forma en que las percepciones y emociones pueden ser manipuladas para lograr resultados estratégicos. A través de diversas técnicas psicológicas, se pueden crear narrativas que influyan en la opinión pública y debiliten la moral del adversario. Esta evolución de la guerra ha llevado a la creación de nuevas disciplinas en la psicología que estudian cómo las emociones y la cognición pueden ser dirigidas en contextos de conflicto.

Antes de que la OTAN pusiera el foco en el «cerebro humano como campo de batalla», ya existían cimientos sólidos en el estudio de la guerra psicológica, que sentaron las bases para lo que hoy se conoce como Guerra Cognitiva. Por ejemplo, las campañas de propaganda en la Segunda Guerra Mundial no solo se centraron en desinformar al enemigo, sino también en fortalecer la moral de las tropas aliadas. Esto demuestra que la guerra cognitiva no es solo un fenómeno moderno, sino una estrategia que ha evolucionado a lo largo de la historia.

Antes de que la OTAN pusiera el foco en el «cerebro humano como campo de batalla», ya existían cimientos sólidos:

  • Guerra Psicológica y Propaganda: Desde las campañas de la Segunda Guerra Mundial hasta las estrategias de la Guerra Fría, la manipulación de la información y la moral ha sido clave. ¿Quién no recuerda los estudios de Edward Bernays sobre propaganda ya en los años 20?
  • «Brainwashing» y Control: El término «lavado de cerebro», acuñado por Edward Hunter en los 50 para describir tácticas de reeducación, y el concepto soviético de «control reflexivo» (influir en la toma de decisiones del adversario) ya apuntaban a la mente.
  • Estrategias Orientales: En 1999, Qiao Liang y Wang Xiangsui con su «Guerra Irrestricta» ya proponían debilitar al adversario por medios no convencionales. China también desarrolló su doctrina de las «Tres Guerras» (psicológica, de opinión pública y legal) en 2003.

Pioneros del Término «Cognitivo»

Si bien la formalización es reciente, algunos investigadores y analistas ya hablaban de «guerra cognitiva» o conceptos muy similares antes del boom de la OTAN. La investigación en este campo ha sido conducida por académicos y militares que entienden la importancia de la psicología en los conflictos modernos. Por ejemplo, investigadores como M. Raska (Singapur, 2015) mencionaban ya la guerra cognitiva en sus análisis sobre guerra híbrida, lo que abre un amplio campo de estudio sobre cómo las tácticas cognitivas se integran en estas estrategias complejas.

Si bien la formalización es reciente, algunas voces ya hablaban de «guerra cognitiva» o conceptos muy similares antes del boom de la OTAN:

  • Investigadores como M. Raska (Singapur, 2015) la mencionaban en análisis sobre guerra híbrida.
  • Jean-Christophe Noël (Francia, 2019) analizaba «la guerre cognitive» en la transformación del combate.
  • Incluso plataformas militares como The Cove (Ejército Australiano, 2018) ya debatían este desafío emergente.

¿Por Qué Este «Boom» Ahora?

La confluencia de varios factores ha catapultado la «Guerra Cognitiva» al primer plano, convirtiéndola en un tema de discusión esencial en la estrategia moderna:

La confluencia de varios factores ha catapultado la «Guerra Cognitiva» al primer plano:

  1. Tecnología Exponencial: Redes sociales, Big Data e Inteligencia Artificial permiten una difusión y personalización de mensajes (y desinformación) a una escala sin precedentes.
  2. Vulnerabilidades Modernas: La polarización y la velocidad de la información en sociedades abiertas pueden ser explotadas.
  3. Nuevas Doctrinas de Conflicto: Actores globales integran cada vez más estas tácticas en estrategias híbridas.